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Una torcedura o un esguince de cuello ocurren por la lesión de uno o más músculos, ligamentos o tendones del cuello.

La columna cervical tiene un amplio rango de movimientos en todas las direcciones. Este movimiento se produce con la ayuda de una compleja estructura de músculos, ligamentos y tendones.

Los grandes músculos del cuello, como el esternocleidomastoideo y el trapecio, posibilitan la motricidad gruesa del cuello. El trapecio, en forma de triángulo grande, conecta la parte posterior del cuello y los hombros.

Una torcedura de cuello afecta a los músculos y tendones. Los tendones son bandas de tejido fibroso que conectan los músculos con los huesos.

Los esguinces afectan a los ligamentos. Los ligamentos son bandas de tejido fibroso que conectan las vértebras entre sí y dan estabilidad a las articulaciones.

Las torceduras y los esguinces de cuello ocurren cuando esos tejidos blandos se estiran más allá de sus límites normales o se tuercen, lo cual provoca dolor, sensibilidad y dificultad para mover el cuello.

Si se produce una torcedura en el trapecio, el dolor de cuello puede irradiarse al hombro, por encima del omóplato y la espalda superior.

Las torceduras y los esguinces de cuello pueden ocurrir a causa de una lesión repentina, como cuando se produce un latigazo cervical al sufrir un accidente automovilístico.

Estas lesiones también pueden evolucionar con el tiempo debido a una mala postura.

Como el cuerpo intenta estabilizar la lesión, las torceduras de cuello pueden estar acompañadas de inflamación alrededor del tejido lesionado y espasmos musculares del cuello. Tales espasmos pueden ser muy dolorosos.

Muchas veces, las torceduras o los esguinces de cuello se alivian a los pocos días, pero puede haber exacerbaciones o dolor durante semanas o meses tras la lesión inicial.